La sangre gotea, el filo del cuchillo esta manchado de esa misma sangre, no podía ser de otra forma.
Tenía miedo, pero había logrado quitarse un peso de encima, por fin había terminado su maldición, ahora era libre, ya que no podría volver a escribir, no tendría la necesidad de volver a plasmar nada en un papel, porque no podría hacerlo.
La mano con la que escribía fue la que se cortó, así fue como el poeta, mató a su maldición.
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